Desde el envoltorio dorado de los bombones Ferrero-Rocher, pasando por los suelos de los trenes AVE los radares de Indra o los interiores de algunos cruceros… en todos se puede encontrar la huella del polifacético Grupo Alibérico , especializado en poroductos semitransformados del aluminio. Fundado por el empresario gallego Clemente González Soler en 1997, está integrado por 35 sociedades, con 17 fábricas (10 de ellas en España y el resto en países como EE.UU, Marruecos o Australia), que dan trabajo directo a 1.200 personas. La firma exporta sus productos a 76 países.

Tras varios ejercicios creciendo a dos dígitos, este año prevé también hacerlo entorno al 20%. En este sentido, González Soler descarta nuevas adquisiciones y anuncia que incrementará su apuesta por nuestro país: «Estamos invirtiendo comercialmente en todo el mundo, pero industrialmente queremos seguir creciendo, en producción, en España» , apunta el máximo responsable de Alibérico, quien destaca que un 70% de su producción tienen origen español. «La productividad de nuestras empresas en España es más alta que otras que tenemos iguales en EE.UU. o Australia», constata.

A nivel de ventas, el 70% se exporta mientras el resto se queda aquí. Todo ello, durante una crisis económica traumática en la que Alibérico tuvo que reinventarse: «Lo pasamos muy mal entre 2008 y 2010 gestionando la escasez y, a partir de este último año, la salida de la crisis fue a través de la innovación y de un plan de internacionalización muy agresivo; consistente en abrir 5 fábricas, en 5 continentes, en 5 años. Fracasamos en unos, triunfamos en otros, y nos lo reconocieron con un premio a la internacionalización», recuerda el también presidente de Ifema. Preguntado por los retos futuros de Alibérico, Clemente Sánchez Soler no duda en señalar hacia la digitalización. «No es un camino, es una herramienta: Queremo ser líderes mundiales en lo que hacemos, liderando vía digitalización determinado servicios, nuevos productos y cómo es la atención a nuestros clientes».

En este sentido, subraya que la compañía está en «un proceso de ampliación», sin adquisiciones a la vista y, como ejemplos, cita la reciente ampliación de la fábrica de Sabiñánigo (Huesca) de Iberfoil Aragón o la próxima en la factoría de Miranda del Ebro, perteneciente a una filial llamada Alucoil. Trump y aranceles Gonzálo Soler se muestra contrario a los aranceles y las subvenciones públicas, aunque introduce un matiz: «Sólo cuando hay elementos que distorsionan el mercado, como las subvenciones encubiertas u oficiales como las que tienen los chinos a sus exportaciones».

En concreto, comenta que China da a sus empresas productoras de aluminio «apoyos» de entre el 12% y el 17% cuando exportan. En su opinión, otros países «que reciban estas importaciones deberían de ponerle aranceles del 12% y el 17%» y recuerda que los reguladores junto con los gobiernos son «los responsables» de que se respeten las reglas de juego. Sin embargo, pide también prestar atención a Europa: «En nuestro sector, Bruselas apenas impone a las empresas chinas un arancel del 6%» y revela que, «sin informar a los fabricantes», las autoridades comunitarias han decidido reducir el citado arancel al 0% durante 6 meses «a petición de un importador inglés». Una medida que califica de «aberración» y que, en su opinión, contrasta con el objetivo comunitario para que la industria sea el 20% del PIB europeo: «No puede ser que las empresas europeas pierdan y las chinas ganen», critica el fundador de Alibérico. Sobre EE.UU. admite su preocupación – el grupo posee una fábrica en Carolina del Sur- : «Hay que ver lo que pasa. Evidentemente nos va a tocar porque exportamos desde España a EE.UU. y fabricamos también en este país otros productos, pero casi todo lo vendemos en el mercado norteamericano».