Las propinas percibidas en hostelería y de restauración tributan en el IRPF. Por lo tanto, no están exentas.

Forman parte de los rendimientos del trabajo para sus perceptores. Y no se trata de operaciones de simple mediación de pago. Por lo tanto, están sujetas al IRPF y a su sistema de retenciones a cuenta.

Las propinas se entregan por los clientes al personal de dichos sectores en gratitud al servicio prestado. De esta manera, los empresarios deben cumplir sus obligaciones tributarias como empleadores y explotadores del negocio.

La empresa está obligada a retener e ingresar parte de dichas propinas.

Estas se consideran retribuciones del trabajo variables a efectos del cálculo del porcentaje de las retenciones a practicar a cada uno de los trabajadores.

El sistema de cálculo de las retenciones será el método general, considerando, el porcentaje de retención se fija en función de la cuantía total de las retribuciones pagadas a cada uno de los trabajadores, tanto rentas fijas como variables previsibles (propinas).

Al incluirse las referidas propinas como retribución extrasalarial en la nómina del trabajador, éste último deberá incluirlas como rendimiento variable en su declaración de IRPF, por lo que aumentarán el rendimiento obtenido por éste como salario y, consecuentemente, los impuestos relacionados con dichos ingresos también se incrementarán.

Respecto al Impuesto de Sociedades, las propinas dadas por los clientes son un ingreso contable a integrar en la base imponible del IS del periodo impositivo.

Posteriormente, la empresa lo considera como gasto en el momento en que se distribuye a los trabajadores. 

No obstante todo lo indicado, Hacienda reconoce la dificultad en el control de las propinas de los establecimientos, cuando el pago se ha hecho en efectivo.