Febrero de 2018. Ni el miedo a una gran recesión, ni la quiebra de una gran multinacional. La mayor caída de la historia de Wall Steet por puntos ha estado condicionada… por la decisión de un puñado de algoritmos.

Es cierto que tuvo una explicación racional: el temor a que el nuevo presidente de la Reserva Federal (Fed) acometa la normalización monetaria de forma abrupta. O la lógica recogida de beneficios tras catorce meses de ganancias en el Dow Jones. Con todo, argumentos sin la fuerza suficiente como para desatar la volatilidad que ha vivido el Dow Jones en las últimas sesiones. El índice ha caído en torno a un 5% esta semana. El lunes y el jueves fueron días «negros». Sesiones marcadas por el nerviosismo que dieron paso a hipótesis catastrofistas.

Y mientras, los analistas se mantienen impasibles. Roberto Berzal, de Orey iTrade, señala que «los robots con los que operan las grandes firmas de inversión tienen mucha responsabilidad en las caídas producidas en los últimos días». El bróker explica que estas máquinas, utilizadas por los grandes inversores, están programadas para lanzar órdenes de venta masivas cuando se cumplen determinados condicionantes en un valor u ocurren determinados acontecimientos. Es cierto que cada inversor cuenta con su propio algoritmo, lo que provoca que los parámetros escogidos para adquirir una acción sean distintos. Pero no así los que se toman en cuenta para vender. «Suelen ser los mismos, lo que da lugar a subidas escalonadas y caídas violentas», explica Joaquín Robles, de XTB. Con este sistema, un dato positivo -como fue una mejora en la creación de empleo en Estados Unidos por encima de lo esperado- se puede convertir en la chispa que desata el pánico en el mercado. Los algoritmos interpretaron el lunes que este crecimiento generaría más consumo, más inflación y, en consecuencia, subidas en los tipos de interés más virulentas. En cuestión de nanosegundos, ejecutaron órdenes masivas de compras. Agudizando así el descenso.

Para Berzal, la presencia de máquinas para agilizar las órdenes del mercado también supone una oportunidad para los grandes fondos, que aprovechan el impacto de sus algoritmos para regresar a un mercado mucho más «barato». Y es que aunque la presencia de estos robots puede parecer un mecanismo extraño, según Robles, la realidad es que «entre un 40 y un 50% de las órdenes de compra y venta que registra la Bolsa las realiza un algoritmo. A partir de cierto nivel, todos los inversores cuentan con uno».

Estos sistemas informátivos ya causaron ciertos «estragos» en el pasado. El analista de Orey recuerda que en el verano de 2015 hubo jornadas en las que las máquinas provocaron llamativos descensos tomando como referencia las cifras macroeconómicas de China. En este caso, el caldo de cultivo ha sido el repunte de la renta fija en detrimento de la variable.

Adam Smith, uno de los padres de la economía moderna, tenía la teoría de que existía una mano invisible que permitía al mercado regularse por sí mismo. La evolución cosechada en el Dow Jones esta semana evidencia que esa «mano» realmente existe. Está robotizada. Y tiene un criterio propio.