Dotar cuantiosas provisiones, realizar amortizaciones aceleradas, alterar la valoración del stock, pagar retribuciones extraordinarias antes de finalizar el ejercicio, anticipar gastos que podrían esperar al siguiente ejercicio, son algunas de las opciones que se pueden barajar antes de cerrar el ejercicio, buscando reducir la factura fiscal del impuesto sobre sociedades.

Sin embargo, el próximo 25 de julio no pagar el impuesto sobre sociedades, o pagar muy poco, puede ser también perjudicial para la empresa, ya que como otras cosas en la vida, ni mucho, ni poco, lo mejor es buscar la justa medida.

El reciente caso de la exorbitante diferencia en la valoración de las provisiones del Banco Popular, en el que según sus gestores rondarían los 2.000 millones, pero según el Banco Santander la cifra estaría en torno a los 8.000 millones, nos deja ver como determinadas partidas pueden afectar sustancialmente al beneficio de una empresa.

Entre los gestores de las grandes empresas, los cuales rinden cuentas a los accionistas, y los gestores de empresas más pequeñas, donde el propietario y el gerente es en muchas ocasiones la misma persona, se suelen producir diferencias en relación con el resultado final a declarar, ya que los primeros pueden buscar un resultado más elevado que defienda su gestión, mientras que los segundos buscan pagar lo mínimo por el impuesto sobre sociedades.

En cualquier caso, se debe respetar siempre la imagen fiel de la empresa y seguir los principios contables generalmente aceptados, intentado que el maquillaje en uno u otro sentido no sea excesivo, ya que, en el caso de alteraciones significativas de la contabilidad, los administradores pueden tener que afrontar responsabilidades.

¿Por qué les puede interesar a las empresas pagar el impuesto sobre sociedades?

Podemos encontrar principalmente siete razones por las que pagar el impuesto sobre sociedades, y son las siguientes:

  1. La Agencia Tributaria puede ser más susceptible de investigar empresas que se mantienen abiertas, a pesar de declarar reiteradamente pérdidas en diferentes ejercicios.
  2. Las entidades financieras acostumbran a solicitar el modelo 200 del impuesto sobre sociedades a las empresas, el cual acostumbran a cotejar con los datos que tienen en su poder, facilitados por empresas especializadas en informes financieros, que obtienen los datos del Registro Mercantil. Si las entidades de crédito y los proveedores, que también utilizan estos informes para la concesión de crédito, ven que el beneficio de la empresa es muy reducido, o que la empresa declara reiteradamente pérdidas, pueden limitar o no conceder créditos a la empresa, lo cual puede socavar la capacidad de la empresa para hacer frente a sus pagos. Además, las empresas de crédito y caución también serán reacias a dar crédito a una empresa en pérdidas o con reducido beneficio.
  3. En el caso de que se pretenda vender la empresa, será difícil obtener un buen precio, si la empresa tienen un reducido beneficio, o se encuentra en pérdidas.
  4. En ocasiones, con el objeto de evitar el pago de impuestos, se crean complicadas estructuras empresariales, que distraen a los gestores de su negocio principal, que no debiera ser evitar el pago de impuestos. Si se realizaran las cuentas del coste de estos entramados, de su control, y del pago a empleados, asesores y abogados, en algunos casos saldría más a cuenta pagar los impuestos correspondientes.
  5. Cada vez son más numerosos los casos de empresas o personalidades que evaden impuestos que saltan a la luz pública, con el consiguiente deterioro de la imagen de las empresas afectadas y de sus gestores.
  6. En el caso de que la Agencia Tributaria considere y demuestre que se están evadiendo impuestos, se pagarán importantes recargos, intereses de demora y sanciones.
  7. El coste de sufrir una inspección no es solo la multa, recargos e intereses, supone un importante impacto en los departamentos de administración que tienen que dedicar muchas horas a recopilar y facilitar la información solicitada por la Agencia Tributaria.